30 de junio: “Día de los Héroes y Mártires”; no más “Día del Ejército”
COMUNICADO DE PRENSA DE RPDG.
En este día, mientras que el Gobierno aún permite que se celebre de alguna manera el lejano y desgastado “Día del Ejército”; las víctimas del conflicto armado interno y los opositores a la “guerra sucia” desarrollada por más de tres decenios por el Estado han logrado rescatar el día para conmemorar a los héroes que se enfrentaron a la doctrina de seguridad nacional y la estrategia contrainsurgente y a los cientos de miles de mártires de las políticas genocidas aplicadas por el ejército de Guatemala. Por ello, resulta inconcebible que grupos pro aparato militar todavía quieran mantener su reconocimiento a una estructura totalmente deslegitimada y desprestigiada.
La RPDG ha sido sumamente crítica de la Universidad de San Carlos de Guatemala, por quedarse corta en el cumplimiento de sus mandatos constitucionales. Por ser una entidad autónoma, le hemos exigido y continuamos exigiendo que proceda, con la participación de toda la comunidad universitaria pertinente, a una reforma profunda de la institución, a fin de devolverle el papel que la Constitución de 1945 le asignara. El caso del ejército es distinto, porque al no ser autónomo sino obediente, la reforma del mismo debe provenir, directamente, del Congreso de la República. La mejor solución sería la disolución del ejército, en su versión actual, y la construcción de las nuevas Fuerzas Armadas de Guatemala. Esto requiere, lógicamente, de una reforma constitucional.
A la espera de esa insoslayable reforma, como mínimo, recomendamos las siguientes acciones que el gobierno actual sí puede realizar:
1. Cerrar la Escuela Politécnica por tres años, en lo que se revisa la doctrina y las políticas militares. Hay suficientes oficiales ya graduados, por lo que la capacidad del ejército no disminuiría. Igualmente, cerrar para siempre la Escuela de Kaibiles, que con su deshumanizada visión contrainsurgente no han aportado sino dolor a nuestro pueblo, incluidos contingentes al servicio de los carteles de la droga.
2. Trasladar a partir de 2011 todos los Institutos “Adolfo V. Hall” al Ministerio de Educación Pública. No existe razón alguna para contaminar con militarismo a nuestras juventudes. Los jóvenes que tengan verdadera vocación militar, al concluir sus estudios secundarios, buscarán por sí mismos la nueva Escuela Politécnica.
3. Establecer una comisión con civiles, entre ellos personas destacadas y los pocos expertos en asuntos militares, así como calificados militares retirados que hayan jugado un papel positivo en el país (tampoco son muchos), para que hagan un profundo análisis de la situación geopolítica y militar del país y propongan, con base a las experiencias propias y de otros países y con la asesoría de la ONU, las características que han de tener las Fuerzas Armadas de Guatemala en el siglo XXI.
4. En la nueva visión militar, hay que tener en cuenta que los peligros externos no provendrán de nuestros vecinos –México, Belice, El Salvador y Honduras—sino de las potencias que consideran tener el derecho de intervenir en donde les plazca. Por ello, la configuración de las nuevas Fuerzas Armadas debe realizarse con total independencia de nuestros potenciales invasores.
5. De manera particular, las nuevas Fuerzas Armadas y aun el ejército actual deben romper sus relaciones estrechas con el ejército israelí, que ha demostrado tener total desprecio por el derecho humanitario internacional y los derechos humanos, así como actuar con odio hacia la población civil palestina que está obligado a proteger en función de los Convenios de Ginebra.
Con estas medidas factibles, aunque reconocemos que requieren de voluntad y valor políticos, el Gobierno de Guatemala puede empezar a dar respuesta, más allá de la retórica de los homenajes puntuales, a los héroes y mártires del país, que hoy conmemoramos, y a los millones de sus familiares y amistades, que aún esperan verdad, justicia, memoria histórica y resarcimiento.
La nueva Guatemala, gran deuda de los inadecuados gobiernos que se han sucedido después de la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera, pasa por reconocer el papel jugado por todos los actores: terriblemente negativo por parte de los sectores de poder y muy loable y digno de imitación por quienes ofrendaron sus vidas para la trasnformación del país. La Patria no puede ignorar ni a unos ni a otros; es tiempo de hacer justicia histórica.
Guatemala, 30 de junio de 2010
Comité Ejecutivo de la RPDG