La USAC y sus rectores
Como era de esperarse, me ha conmovido profundamente la muerte de Roberto Valdeavellano, Rector de la USAC de 1974 a 1978, el pasado 25 de enero. He leido la nota escrita por Oscar Clemente Marroquín y coincido totalmente con sus apreciaciones. ¿Cómo no estar de acuerdo con sus valoraciones de lo que era ser rector en esos tiempos y el papel jugado por Roberto Valdeavellano y otros universitarios ilustres en circunstancias sumamente difíciles para la USAC?
Oscar Clemente ha señalado claramente que: “Eran aún los tiempos en los que ocupar la Rectoría era básicamente una distinción y un verdadero honor reservado para personas de méritos indiscutibles. No se elegía al Rector de la Universidad de San Carlos mediante costosas campañas electorales financiadas por los partidos políticos o grupos de presión y hasta por mafias, sino que se hacía un intenso trabajo personal de contacto directo entre el candidato con los profesores, con los profesionales y con los estudiantes que conforman el cuerpo electoral en nuestra Alma Máter”.
De esos tiempos, puedo señalar como verdaderos avances universitarios las sucesivas rectorías de Jorge Arias de Blois, Edmundo Vásquez Martínez, Rafael Cuevas del Cid, Roberto Valdeavellano Pinot y Saúl Osorio Paz. Sus posiciones ideologicas frente a la situación del país fueron, sin duda, variadas; pero sus compromisos con las mejores causas universitarias y con nuestro pueblo, en última instancia, fueron innegables. Aun en la vóragine de los acontecimientos generados por la guerra desatada por los sectores de poder del país contra la USAC a partir de 1978, que cobró miles de muertos entre autoridadades, profesores, estudiantes y trabajadores administrativos y de servicios, las rectorías de Roberto Valdeavellano y Saúl Osorio Paz, así como de los Rectores interinos, comenzando con Leonel Carrillo Reeves e incluyendo mi breve paso por tan digna función, fueron ejemplos de decencia universitaria.
La brutal represión contra la USAC tuvo, sin embargo, un impacto tremendo y para los años 1981 y 1982, pese a que no hubo intervención directa de la universidad, las fuerzas contrainsurgentes del Estado guatemalteco lograron acallar su voz en representación de quienes no tenían voz en nuestra sociedad. A Roberto Valdeavellano le correspondió enfrentar al gobierno de Arana Osorio, en sus ultimos momentos, y tratar de establecer una nueva relacion con el gobierno cuando el General Eugenio Laugerud fue nombrado Presidente de la República, en dudosas elecciones frente a la fuerza de la social democracia y democracia cristiana del país en 1974. Como dice Oscar Clemente, Valdeavellano era un ser humano “políticamente muy equilibrado, Roberto desempeñó un papel importante en la vida política nacional durante ese período difícil en el que no sólo le tocó lidiar con un gobierno que veía en la Universidad de San Carlos a un peligroso enemigo, sino que además también fue Rector durante el terremoto de 1976 y junto a profesores y estudiantes participó directamente en importantes tareas de reconstrucción del país”.
Lo que hoy observamos en Haití, luego del terrible terremoto del 12 de enero, nos ocurrió también en nuestro país en 1976. Al igual que en Haití, no fue la violencia del sismo lo que provocó los más de 20,000 muertos en Guatemala. Fue la pobreza, miseria y marginación de nuestras grandes mayorías las que hicieron que nuestro costo social fuese tan alto. La USAC se lanzó a la tarea de salvar gente, descombrar y reconstruir. En mi condición de candidato a Decano de la Facultad de Ingeniería, pude llevar a miles de estudiantes de ingeniería a comprometerse en el apoyo a nuestra población afectada, al principio en labores de descombramiento y, posteriormente, cuando asumí la decanatura, en labores de reconstrucción. Lejos estábamos de imaginar que en muy poco tiempo, bajo los gobiernos de Lucas García, Ríos Montt y Mejía Víctores la cifra de muertos sería multiplicada por 10 por el holocausto político, para llegar a tener 200,000 víctimas.
Roberto Valdeavellano trató, desde su rectoría, de encontrar un camino distinto, no contrainsurgente, para nuestro país. Demostró al gobierno de Laugerud que la USAC no constituía un peligro para la nación sino un factor de desarrollo nacional, si bien, con sobrados argumentos, insistía en un cambio de derrotero para las políticas gubernamentales. Planteó, como un elemento de desarrollo para el país, como acertadamente dice Oscar Clemente, “el compromiso de la USAC por lograr la descentralización de la enseñanza superior, tomando en cuenta que históricamente el acceso a la universidad se había limitado a la ciudad capital y los habitantes de los departamentos tenían que venirse al mayor centro urbano del país si querían lograr una formación universitaria…Gracias a la visión de Roberto y de su equipo de trabajo, empezó la creación de los Centros Regionales que llevaron la Universidad a los estudiantes a su propio lugar de residencia, facilitando así el acceso a quienes aspiraban a lograr una carrera.” Al recordar este enorme esfuerzo, no se puede olvidar a dos colaboradores sumamente importantes de su gestión universitaria: Carlos Centeno y Bernardo Lemus, asesinados ambos, poco tiempo después, a plena luz del día, por el gobierno de Lucas García.
En la época actual de proceso electoral para Rector de la USAC, abierta ya por el Consejo Superior Universitario, Oscar Clemente señala, con pertinencia, que vale la pena mencionar que, como lo hizo mucha de la gente de su generación, Roberto Valdeavellano actuó con mucha honestidad y así manejó los fondos de la Universidad. A ninguno de nosotros, miembros del Consejo Superior Universitario de 1976 a 1980, se nos habría ocurrido jamás que la corrupción ingresara a la USAC. Quizás el ser considerados como “centro de subversion” por Lucas García nos hizo ser más cuidadosos todavía para evitar que se nos tildara de cualquier señalamiento de manejos deshonestos. Lucas García nos atacó brutalmente por cuestiones ideológicas; pero jamás por cuestiones de malos manejos de la USAC y sus recursos.
Con este pensamiento, quiero referirme brevemente al proceso electoral para elegir Rector de la USAC en 2010. Los valores a los que Oscar Clemente y yo hacemos mención en los párrafos anteriores han desaparecido de la USAC. Hay una mayoría silenciosa que coincide con estos valores; pero que no se ha atrevido a enfrentar a las mafias universitarias que han trastocado lo que una universidad nacional y autónoma debe ser. Éste es el momento de recuperar el valor para luchar por lo que es bueno, positivo y necesario. Personalmente, he apoyado la candidatura de Eduardo Velásquez, porque es la única que puede devolverle a la USAC su papel constitucional y moral. Sin menospreciar a los otros dos candidatos, no tienen ellos la voluntad o capacidad de reconstituir nuestra universidad nacional. Es más, el apoyo se le brinda a Guayo ya sea que gane o no las elecciones de Rector. En este momento, él personifica el tipo de movimiento que puede lograr, en cuatro años o menos, que la USAC recupere totalmente el papel que le fuera asignado por la Constitución de 1945. Todos los universitarios que nos involucremos en este esfuerzo podremos algún día merecer lo que Oscar Clemente reconoce en Roberto Valdeavellano al decir que sus familiares tendrán siempre “ la enorme satisfacción de que la suya fue una vida de servicio y decencia”.
Nueva York, 27 de enero de 2010
Ing. Raúl Molina Mejía, ex Decano de la Facultad de Ingeniería y ex Rector interino de la Universidad de San Carlos de Guatemala