Datos breves sobre mujeres y migración internacional

Ana Silvia Monzón, Guatemala 14 marzo 2008.

• El número de mujeres guatemaltecas involucradas en el contexto migratorio internacional (aproximadamente 400 mil migrantes en Estados Unidos, y 2,048,387 mujeres de todas las edades que tienen familiares en el exterior, OIM, 2007) sumado al número de mujeres que migran internamente o a nivel regional, es significativo. Múltiples factores como los efectos del conflicto armado interno, las condiciones de pobreza y falta de empleo, problemas familiares, de violencia intrafamiliar y social o la búsqueda de mejores oportunidades, han empujado a más mujeres a tomar la decisión de migrar. Cabe señalar que las guatemaltecas son, después de las mexicanas, quienes más han pedido asilo en Estados Unidos por violencia de género.

• Muchas veces corren peligros en la travesía porque migrar en cuerpo femenino aumenta los riesgos de abusos, violaciones y extorsiones sexuales, así como embarazos no deseados, prostitución forzada y enfermedades de transmisión sexual. Las niñas y las mujeres son las más vulnerables a la trata de personas con fines de explotación sexual. Estas situaciones aplican tanto a los trayectos internacionales como a nivel interno o regional ya que ellas, sobre todo las más jóvenes, se encuentran en entornos desconocidos, solas sin redes familiares o sociales que las apoyen.

• Las que logran llegar, sobre todo cuando son indocumentadas, se encuentran ante enormes limitaciones: el idioma, la cultura, el nivel educativo, la movilización, la vivienda, el acceso a servicios, la discriminación y el racismo, e incluso los efectos de la violencia intrafamiliar que muchas veces migra con ellas. A esto se suman los impactos emocionales, físicos y familiares de las deportaciones, ellas viven en constante zozobra por ellas mismas, sus parejas, hijos e hijas.

• Quienes se quedan enfrentan más responsabilidades familiares, en la crianza de hijos e hijas, muchas veces deben buscar trabajo para complementar las remesas familiares que sus parejas y/o familiares envían porque estas pueden ser insuficientes o poco frecuentes. Otra situación que enfrentan es el control social de la pareja, aún a la distancia, a través de suegros/as, padres, cuñados/as que coarta sus posibilidades de ejercer derechos y autonomía.

• Las brechas entre hombres y mujeres, a nivel de la representación política y social tanto en Guatemala como más allá de las fronteras persisten, son pocas las mujeres que están integradas a redes y organizaciones de defensa de los derechos de las/los migrantes, de manera que sus necesidades y demandas quedan invisibilizadas tanto en las reivindicaciones de estas organizaciones como en las políticas gubernamentales que con mucho esfuerzo se han elaborado (tanto las impulsadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores como la Secretaría Presidencial de la Mujer, que apenas contemplan acciones dirigidas a las mujeres migrantes, y a las que se quedan a cargo de sus familias en los lugares de origen).

• Las migrantes guatemaltecas en otros países, pero también las migrantes que llegan a Guatemala enfrentan problemas porque son indocumentadas, sus hijos e hijas no son reconocidos, no tienen acceso a la escuela ni a otros servicios, de manera que la violación de derechos se multiplica y se traslada de ellas a su descendencia.

•  Aunque pueden encontrarse muchos casos de mujeres exitosas que han logrado autonomía económica y personal gracias a la migración, estos son excepcionales todavía.

• Las mujeres necesitan tanto en el lugar de origen como en la travesía y el lugar de destino, ser consideradas como humanas, ciudadanas con derechos y obligaciones. Necesitan hacer oír su voz, exponer sus necesidades y demandas específicas atendiendo también a su edad, ciclo vital, condición maternal, estado civil e identidad étnica (muchas de las mujeres mayas son monolingües en sus idiomas maternos; las mujeres garífunas y xincas ni siquiera están visibilizadas).

• Las mujeres deben estar representadas equitativamente en los espacios donde se toman decisiones en torno a la migración, sea en el ámbito estatal, en los organismos nacionales e internacionales, en las organizaciones civiles tanto locales, nacionales como internacionales, para que sus derechos humanos sean garantizados.

• Las autoridades, particularmente el Congreso, SEPREM-Secretaría Presidencial de la Mujer, Defensoría de la Mujer Indígena, Defensoría de la Mujer-PDH, deben prestar más atención a la dimensión económica, social y política de la migración femenina. Reconocer y valorar sus aportes por medio de las remesas, tanto económicas como sociales, (flujo de ideas, valores e imaginarios), y analizar su potencial como catalizadoras de transformaciones en las relaciones sociales y las dinámicas de género dentro de las familias y comunidades, tanto en las emisoras como las receptoras de migración.

• En el diseño de políticas, programas y proyectos deberá contemplarse la condición y situación diferenciada de mujeres y hombres en el contexto de la migración teniendo como norte la equidad e igualdad entre los géneros.


Ana Silvia Monzón es socióloga y comunicadora guatemalteca, candidata a doctora por el Programa Centroamericano de PostGrado. FLACSO-Guatemala, integrante de la Comisión Universitaria de la Mujer-USA,  coordinadora del programa radiofónico Voces de Mujeres y co-fundadora de Mujeres Abriendo Caminos.

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